Cielo e infierno
¿Qué pasa con los bebés y los niños pequeños que mueren?
Si te haces esta pregunta desde un duelo personal, por favor, ten presente esto primero: la convicción cristiana histórica, abrumadoramente mayoritaria en la mayoría de las tradiciones, es de esperanza y consuelo, no de miedo, respecto a los niños que mueren.
La mayoría de las tradiciones protestantes han sostenido históricamente que los niños que mueren antes de ser capaces de entender el evangelio y responder a él son salvos por la gracia y la expiación de Cristo; a veces se habla de una “edad de responsabilidad”, que reconoce que la responsabilidad moral requiere una capacidad que los niños, por debajo de cierto punto, simplemente todavía no tienen.
La enseñanza católica incluyó históricamente una hipótesis teológica llamada “limbo” para los bebés no bautizados, pero en 2007 la propia Comisión Teológica Internacional del Vaticano afirmó que esa hipótesis no tenía un fundamento teológico sólido y expresó una esperanza clara de que Dios salva a estos niños, aunque sin llegar a garantizarlo formalmente como doctrina establecida.
David, después de la muerte de su hijo pequeño, dijo simplemente: “Yo iré a él, pero él no volverá a mí”, una afirmación de esperanza confiada, no de incertidumbre, que ha consolado a padres en duelo durante miles de años.
Las citas bíblicas de estas respuestas se toman, en general, de la Nueva Biblia de las Américas. Algunas expresiones bíblicas pueden estar parafraseadas o seguir otras traducciones.
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